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Cuentos de Guerra encaminados a la Paz

by YOHANA LÓPEZ

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Cuentos de la Guerra Encaminados a la Paz
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Grado Once
Sinopsis
Colombia ha sido un país terriblemente golpeado por la violencia. Pocas partes, a lo ancho o largo del territorio, han podido escapar del derramamiento de sangre o de la disolución de familias debido a una perdida violenta.

Un ejemplo claro de esta situación, ha sido el occidente boyacense; territorio precioso, lleno de paisajes majestuosos, y rico en un mineral preciado: Las esmeraldas. Sí, esa piedra preciosa, exportada y admirada en diferentes países del mundo, tan apetecida por su tono verdoso tan particular, único en esta clase.

Sin embargo, no son las esmeraldas las causantes de un conflicto desastroso, sino la avaricia del hombre por poseer y tener más, desatando décadas de lagrimas y terror.

Por eso y en el marco de la celebración de los 30 años de la firma del tratado de paz en occidente, hemos querido recopilar algunas historias de vida de este trágico incidente, y que así, ayuden a la memoria histórica.
La Codicia por las Esmeraldas
En los años 70 y 80 las minas de esmeraldas de Muzo y Quipama eran explotadas por habitantes de los municipios cercanos, y el Estado no tenía control de ellas; los que mandaban eran Gilberto Molina, Pedro Rincón y después se alió Gonzalo Rodríguez, alias Gacha, quien se ganó la confianza de Gilberto Molina. Ellos se disputaban las esmeraldas y no querían que los
otros habitantes se beneficiaran de las ellas, en cambio Gilberto Molina ayudaba a las personas brindando mercados y dinero a las gentes más pobres o a quienes le pedían ayuda.

Don Gilberto mandaba a los empleados a recolectar agua en un tanque y luego la regaban para que muchas personas lavaran en los barrancos y este lodo que se formaba llegaba a la quebrada de Las Animas, donde se encontraba muchísima gente deseosa de lavar el lodo, y quizás, podrían encontrar su fortuna, pero esto acabó cuando asesinaron a Don Gilberto Molina en Sasaima, Cundinamarca en febrero de 1989.


En esta guerra verde, los habitantes de Quipama no podían trasladarse a Otanche o Coscúez, ni los habitantes de estas tierras a Quipama porque podrían no regresar con vida a sus casas. Desde ese momento (la muerte de Don Gilberto), se incrementaron los homicidios, muchas veces por
comentarios indebidos hacia los que se hacían llamar "patrones" para disputar el liderazgo y quedar con el dominio de las minas.

Fue entonces, cuando llego Víctor Carranza y quedó al mando de las minas. Comentaban las personas que a don Víctor no le gustaba que ellos rebuscaran en hallazgos de esmeraldas, pues cuando se enteraba que alguien encontraba una piedra de gran valor, él quitaba las esmeraldas o los mandaba matar. Siendo así que, si alguien que se encontraba una esmeralda debía callarse y que los patrones no se enteraran ni mucho menos Carranza.

En 1990, Monseñor Hector Gutiérrez Pabón hizo un llamado para reunir a los lideres de cada familia con poder en las minas, tales como: Carranza, Triana, Rincón, Molina, Murcia, entre otras, para crear un pacto de paz entre ellos en el occidente boyacense y así, no hubiera más muertos.
La Codicia por las Esmeraldas
En los años 70 y 80 las minas de esmeraldas de Muzo y Quipama eran explotadas por habitantes de los municipios cercanos, y el Estado no tenía control de ellas; los que mandaban eran Gilberto Molina, Pedro Rincón y después se alió Gonzalo Rodríguez, alias Gacha, quien se ganó la confianza de Gilberto Molina. Ellos se disputaban las esmeraldas y no querían que los
otros habitantes se beneficiaran de las ellas, en cambio Gilberto Molina ayudaba a las personas brindando mercados y dinero a las gentes más pobres o a quienes le pedían ayuda.

Don Gilberto mandaba a los empleados a recolectar agua en un tanque y luego la regaban para que muchas personas lavaran en los barrancos y este lodo que se formaba llegaba a la quebrada de Las Animas, donde se encontraba muchísima gente deseosa de lavar el lodo, y quizás, podrían encontrar su fortuna, pero esto acabó cuando asesinaron a Don Gilberto Molina en Sasaima, Cundinamarca en febrero de 1989.


En esta guerra verde, los habitantes de Quipama no podían trasladarse a Otanche o Coscúez, ni los habitantes de estas tierras a Quipama porque podrían no regresar con vida a sus casas. Desde ese momento (la muerte de Don Gilberto), se incrementaron los homicidios, muchas veces por
comentarios indebidos hacia los que se hacían llamar "patrones" para disputar el liderazgo y quedar con el dominio de las minas.

Fue entonces, cuando llego Víctor Carranza y quedó al mando de las minas. Comentaban las personas que a don Víctor no le gustaba que ellos rebuscaran en hallazgos de esmeraldas, pues cuando se enteraba que alguien encontraba una piedra de gran valor, él quitaba las esmeraldas o los mandaba matar. Siendo así que, si alguien que se encontraba una esmeralda debía callarse y que los patrones no se enteraran ni mucho menos Carranza.

En 1990, Monseñor Hector Gutiérrez Pabón hizo un llamado para reunir a los lideres de cada familia con poder en las minas, tales como: Carranza, Triana, Rincón, Molina, Murcia, entre otras, para crear un pacto de paz entre ellos en el occidente boyacense y así, no hubiera más muertos.
Guerra Verde
Narciso Ávila, con 60 años de edad ha estado en la vereda Cormal durante toda su vida. En el marco de su relato, nos explica que las guerras de las minas iniciaron por la obtención de las esmeraldas de Coscuez y Muzo. 
Durante una década, asesinaron aproximadamente 1.500 personas. Nadie podía salir de su casa ni mucho menos ir a otro municipio del occidente, porque podía ser asesinado. Por el caserío cormaleño solían pasar los grupos armados para movilizarse a distintos lugares, sin embargo, tenían respeto a la comunidad de Cormal y no atentaban contra sus vidas.

Mayormente las guerras eran entre municipios del occidente: Maripí, Briceño, Pauna y Coscuez contra Otanche, San Pablo de Borbur, Quípama y parte de Muzo. Si una persona iba a otro pueblo no aliado corría el peligro de morir. En el transcurso de esos años murieron conocidos de Narciso, pero no familiares y a partir de 1990 hubo un proceso de paz y se acabo la guerra, desde aquel día las personas de los diferentes pueblos viven en armonía, tratando de sobrellevar la carestía de la vida y el olvido del estado.
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