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De Lima al Bajo Chocó - Interpretación Cartográfica_2

by Juan Pablo Garcia

Pages 4 and 5 of 25

26 años de edad, un barco y la necesidad de transportar mercancía fueron los únicos argumentos necesarios para que Manuel Uribe Ángel realizara un viaje que hoy deleitaría a geógrafos, biólogos, ingenieros, historiadores productores audiovisuales o a cualquier persona curiosa y observadora.

Viajar de Lima, en el sur del trópico sudamericano, hasta el Ecuador en el cinturón tropical del planeta permite apreciar cambios significativos en el paisaje; pasando de la aridez del Pacífico peruano a la exuberancia del chocó biogeográfico. Una zona natural del Pacífico Colombo- Ecuatoriano que no distingue fronteras y con una riqueza aún hoy desconocida en biodiversidad. Un laboratorio a gran escala para diferentes ciencias.
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El viaje que tuvo la excusa de la carga, marcado por el cambio evidente del paisaje también fue un viaje político e histórico, un viaje con cinco estaciones referenciadas por Manuel Uribe Ángel que son a su vez, puntos de reflexión y discusión con el momento de la historia por la que atravesaron, a mediados del siglo XIX, Ecuador y Perú (países del viaje) y Colombia (País de nacimiento de Manuel Uribe); naciones jóvenes, con límites difusos y conflictos internos que dieron paso a las disputas que marcaron una época y dejaron una línea trazada para vivir la violencia como lo hacemos hoy, una parte del paisaje.

Navegar el mar y el río Santiago en Ecuador, al sur de la frontera con Colombia, llevó a Manuel Uribe Ángel hasta Concepción. Este no era su destino, en principio, pero
allá estaba un viejo conocido, aislado por años del mundo pero con la intuición afilada y con el que pudo discutir la realidad de las naciones que apenas se estaban conformando. Tal vez ese conocido nunca existió, quizás fue la manera que encontró Manuel Uribe Ángel para plasmar su versión de hechos, situaciones y paisajes que ya empezaba a ver con ojos de viejo, como de sabio.
Puede ser que el propósito del viaje no fuera la mercancía; este recorrido fue una expedición, como otras tantas de ese siglo, para entender de primera mano que este continente es diverso en su naturaleza, en su política y en su historia. También pudo ser para entender y dejar por escrito, casi en forma de sentencia, que el destino de Colombia y sus vecinos estaría marcado por la indolencia: "Los cadáveres que los entierren, los vivos a su destino, cada uno a su oficio".
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