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Melodía Susurrante

by Giuliana Aguirre

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Eurídice no lo entendía, ¿por qué después de haber muerto de esa manera había despertado en el mismo lugar donde había conocido a su amado? ¿Acaso todo había sido un sueño? No, era imposible que todas las cosas que sintió con Orfeo hubieran resultado ser producto de su subconsciente, pero entonces ¿qué fue lo que sucedió?

Desconcertada, se levantó de donde se encontraba y emprendió camino hacia algún otro sitio que le dé las respuestas que necesitaba. 
Un hada que paseaba por el bosque observó a Eurídice a lo lejos, por un momento pensó que sus ojos fallaron, pero a medida que la joven caminaba estaba más segura de que era ella. Rápidamente se acercó y lo que la recibió fue una expresión totalmente perpleja por parte de la ninfa, la que la bombardeó de preguntas apenas estuvieron a una distancia en la sabía que sería escuchada con claridad.

Al término de las interrogantes, el hada no supo cómo responder de manera que sus palabras sean fáciles de digerir, después de todo lo que había hecho Orfeo fue algo que muchos pensarían más de tres veces antes de proceder.

–Si sabes algo de él, por favor dímelo, lo que sea…– dijo Eurídice, cada vez más impaciente.
 –Él…– Suspiró el hada – Después de que murieras él se puso muy mal, parecía otra persona. Un día, dijo que iría al reino de las tinieblas a “recuperarte”, por supuesto que nadie le creyó, pero luego de eso no lo vimos más... y ya pasaron varios días de eso.

–Entonces… sí morí… y él… – susurró, totalmente estupefacta.

El hada simplemente la miró a los ojos y asintió con la cabeza, le dijo que todo iba a estar bien mientras le daba palmaditas en la espalda y por último se retiró, dejando de nuevo a Eurídice en total soledad.

Después de oír todo eso la ninfa se sintió abatida, Orfeo se había ido para siempre, sin poder despedirse apropiadamente y aunque pensara que lo mejor sería vivir por su amado, ¿cómo tratar de ser feliz en vida si su felicidad era él?
Emprendió camino sin rumbo alguno, no quería permanecer más en ese bosque que con cada rincón que veía le recordaba a los hermosos momentos que pasó con la persona que más amaba. 
Anduvo por tres largos meses de un lugar a otro, hasta llegar a una zona que finalmente no reconocía y que por lo visto nadie habitaba. Avanzó un poco más en busca de un lugar para descansar y en su camino se topó con algo que pensó que nunca vería tan de cerca en su existencia: un oráculo.

Una vez supo lo que era un escalofrío recorrió todo su cuerpo, su instinto le decía que lo mejor era pretender que nunca lo había encontrado, las profecías podían ser
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