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EL SECRETO

by Natalia Bohorquez

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Mi nombre es Camila, tengo 23 años y soy lesbiana. Voy a contar de cómo me di cuenta de que me gustan las mujeres y como comenzó esto, y lo que he vivido a lo largo de mi vida. Comenzaré.
Recuerdo que todo empezó cuando tenía siete años. Era el primer día de clases de segundo grado, me encontraba ansiosa de ver a mis amigos, la profesora llegó y nos indicó que ingresáramos al salón, cuando ya estábamos en nuestros puestos para iniciar la clase, va ingresando una niña nueva, la cual a primera vista me dejo anonadada. Me pareció la niña más linda del salón, la admiraba tanto por su inteligencia y su belleza. Pero por el pensamiento de que era una niña no le preste mucha atención.
Luego de unos años me volví a encontrar con una chica, pero esta vez
estaba en quinto grado, con ella empecé a sentir algo diferente en mí. No puedo decir que en ese momento entendía de que me gustaba las chicas, solo sabia que me gustaba ella.
Con mi grupo de amigas siempre se hablaba de los niños que les gustaba y al momento de que me lo preguntaban a mí, nunca sabía que contestar o decía el nombre de la chica, pero en masculino, para que no me molestaran.
Al año siguiente en sexto grado no volví a ver a la chica que me gustó en el año anterior, así que empecé a conocer nuevas amigas, una de ellas provocaba en mi un deseo de querer ser cariñosa con ella, pues era una chica con lindo cabello de color castaño y con una sonrisa que enamoraba a todos. Era una chica popular, entonces yo me esforcé por ser su amiga y lo conseguí, nos volvimos mejores amigas, ella me contaba sobre el niño que le gustaba y de cierta forma a mí me daban celos, aunque yo no entendía el porqué, si solo era mi amiga. Quise empezar a practicar un deporte, escogí baloncesto, era un equipo que representaba al barrio donde vivía, allí hice nuevos amigos, entre ellos Daniela,
por la que empecé a sentirme atraída; pero la sociedad me había hecho entender que dos personas del mismo género no era lo correcto, así que empecé a tener novio para intentar corregirme eso que estaba mal en mí.
Sentía una culpa en mí, pedía a Dios que corrigiera esa parte de mi y que fueran los niños quienes me gustaran, y eliminara esa atracción hacia alguna niña porque ya sentía que no era normal.
Con Daniela empecé una amistad más cercana, vivimos varios momentos en los que yo me preguntaba si tal vez yo también le atraía, pero simplemente ella era gentil conmigo y me quería nada más como una amiga.
Por diferentes circunstancias Daniela y yo nos alejamos, así que nuevamente en el colegio cursando octavo grado tuve la disposición de conocer gente nueva, entre ellas había una chica llamada Salomé, con quien empecé una amistad cercana debido
a que ella también vivía en el mismo barrio, íbamos al colegio juntas, volvíamos a la casa juntas, compartíamos trabajos grupales, pero ella nunca se fijó en mí. Un día Salomé me contó que le gustaba un chico que conoció en la iglesia, me decía de como se iban volviendo cercanos y eso a mi me molesto mucho, sentí muchos celos e impotencia porque no podía hacer nada al respecto. Me aleje de ella debido a que no soportaba verla con alguien más.
Un día estando en casa mi mamá me hizo una pregunta, “¿te gustan los niños?, solo te veo con amigas y nunca me hablas de algún niño” yo quedé congelada, no sabía que responder, tenía miedo de como reaccionara, le dije: “no sé mamá”, a lo que ella respondió: “creo que la mejor solución va a ser meterte a un convento a ver si se van esos malos pensamientos”.
Tuve miedo al saber que mi mamá se sentiría decepcionada de mí, por ello

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