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Artículo mensual de Logoterapia. Septiembre, 2023

by Mauro Micheletti

Pages 2 and 3 of 29

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© Centro de Análisis Existencial "Viktor Frankl", 2023
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08
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Bienvenidos
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a nuestro artículo mensual
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El Centro de Análisis Existencial de Rosario es una institución dedicada al estudio y aplicación de la Logoterapia, corriente psicológica desarrollada por el filósofo y psiquiatra austriaco Dr. Viktor Frankl.

Desde el año 2006, realizamos diversas actividades formativas con el objetivo de difundir la Logoterapia y sus principios.

Con este mismo horizonte, nos lanzamos en esta nueva propuesta: publicar un artículo temático mensual con el objetivo de aportar desarrollos teóricos y brindar herramientas y conocimientos para todos.

Esperamos sea este un aporte a la difusión y profundización de la Logoterapia.
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¡Hora de disfrutar la lectura!
Acerca de la neurosis colectiva:
continuidad y novedad
por Ps. Mauro Micheletti
En su crítica de la sociedad contemporánea, Viktor Frankl pone énfasis en los riesgos del nihilismo y en su relación con el vacío existencial y las neurosis colectivas.
Expresa que el nihilismo se manifiesta como un “nada más que”, con la pérdida o el rechazo de la dimensión trascendente y noética del ser humano. El auge del relativismo (que es una variante del nihilismo) trajo como aporte la caída de lo que aparentemente era absoluto, pero a su vez conllevó un adormecimiento de
las conciencias de las personas. Nos encontramos con la represión de la sana tensión entre el ser y el sentido, entre el sujeto y el horizonte de valores que interpela en las diversas situaciones que atraviesa todo hombre y toda mujer.

Frankl plantea la existencia de un tipo peculiar de neurotismo, propio de la época, al que llama neurosis colectiva (Frankl, 1992). En ella podemos situar un desdibujamiento o miedo a la libertad y una actitud de huida de la responsabilidad (Frankl, 2007). A la hora de caracterizar este tipo de mentalidad colectiva ubica cuatro síntomas o actitudes existenciales principales: la actitud provisional ante la existencia, la postura fatalista
ante la vida, el pensamiento de masa o colectivista y el fanatismo. Podríamos decir que los hombres de hoy no piensan por sí mismos, más bien reproducen ideas sin elaborar una visión personal de los acontecimientos, no entienden la vida como un desafío o una tarea sino como algo fugaz que hay que consumir y disfrutar compulsivamente, entienden que todo suele estar predeterminado sin poder introducir ninguna modificación, y por último,
En su crítica de la sociedad contemporánea, Viktor Frankl pone énfasis en los riesgos del nihilismo y en su relación con el vacío existencial y las neurosis colectivas.
Expresa que el nihilismo se manifiesta como un “nada más que”, con la pérdida o el rechazo de la dimensión trascendente y noética del ser humano. El auge del relativismo (que es una variante del nihilismo) trajo como aporte la caída de lo que aparentemente era absoluto, pero a su vez conllevó un adormecimiento de
las conciencias de las personas. Nos encontramos con la represión de la sana tensión entre el ser y el sentido, entre el sujeto y el horizonte de valores que interpela en las diversas situaciones que atraviesa todo hombre y toda mujer.

Frankl plantea la existencia de un tipo peculiar de neurotismo, propio de la época, al que llama neurosis colectiva (Frankl, 1992). En ella podemos situar un desdibujamiento o miedo a la libertad y una actitud de huida de la responsabilidad (Frankl, 2007). A la hora de caracterizar este tipo de mentalidad colectiva ubica cuatro síntomas o actitudes existenciales principales: la actitud provisional ante la existencia, la postura fatalista
ante la vida, el pensamiento de masa o colectivista y el fanatismo. Podríamos decir que los hombres de hoy no piensan por sí mismos, más bien reproducen ideas sin elaborar una visión personal de los acontecimientos, no entienden la vida como un desafío o una tarea sino como algo fugaz que hay que consumir y disfrutar compulsivamente, entienden que todo suele estar predeterminado sin poder introducir ninguna modificación, y por último,
"Los roles sociales aparecen difusos, volátiles, desanudados.
Pero no sólo esto, sino que la ambigüedad es una realidad presente a la hora de poder ubicar las identidades."
"El avance (aparentemente imparable) de la inteligencia artificial parece apuntar a combatir la creencia de que el ser humano es la única especie capaz de realizar algunas funciones mentales superiores y complejas"
entregan la libertad personal en manos de cualquier totalitarismo moderno o de moda.

Si bien la neurosis colectiva no es una neurosis clínica, es decir, una neurosis en sentido estricto, esto no significa que la persona tarde o temprano no se vea conflictuada o inmersa en un sufrimiento penoso y costoso (Frankl, 1992).

Ahora bien, podemos ensayar conceptualizar algunos
rasgos o modos nuevos de manifestación de la neurosis colectiva, junto con los ya descriptos por Frankl. Nos referimos, en primer lugar, a la ambigüedad como elemento presente en la configuración de las identidades contemporáneas y en la modalidad vincular predominante. El término viene de ambiguus y significa “que puede entenderse de varios
modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión”. Fundamentalmente, podemos encontrar la ambigüedad como rasgo en las relaciones afectivas, en donde cada vez más resulta difícil poder nombrar o caracterizar dichos vínculos, ya sean de naturaleza amorosa o de filiación. Los roles sociales aparecen difusos, volátiles, desanudados.
Pero no sólo esto, sino que la ambigüedad es una realidad presente a la hora de poder ubicar las identidades, ya sean personales, sexuales, institucionales, culturales; hablamos entonces de una suerte de difusión de las identidades.
La caída de las tradiciones ha comportado una pérdida de referencias, dejando a la persona con la tarea
entregan la libertad personal en manos de cualquier totalitarismo moderno o de moda.

Si bien la neurosis colectiva no es una neurosis clínica, es decir, una neurosis en sentido estricto, esto no significa que la persona tarde o temprano no se vea conflictuada o inmersa en un sufrimiento penoso y costoso (Frankl, 1992).

Ahora bien, podemos ensayar conceptualizar algunos
rasgos o modos nuevos de manifestación de la neurosis colectiva, junto con los ya descriptos por Frankl. Nos referimos, en primer lugar, a la ambigüedad como elemento presente en la configuración de las identidades contemporáneas y en la modalidad vincular predominante. El término viene de ambiguus y significa “que puede entenderse de varios
modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión”. Fundamentalmente, podemos encontrar la ambigüedad como rasgo en las relaciones afectivas, en donde cada vez más resulta difícil poder nombrar o caracterizar dichos vínculos, ya sean de naturaleza amorosa o de filiación. Los roles sociales aparecen difusos, volátiles, desanudados.
Pero no sólo esto, sino que la ambigüedad es una realidad presente a la hora de poder ubicar las identidades, ya sean personales, sexuales, institucionales, culturales; hablamos entonces de una suerte de difusión de las identidades.
La caída de las tradiciones ha comportado una pérdida de referencias, dejando a la persona con la tarea
(muchas veces solitaria) de elaborar o definir nuevas identidades en un contexto sociocultural en donde las diferencias son difíciles de ceñir porque el universo simbólico y los valores han sufrido una suerte de desfallecimiento. Las identidades y las relaciones afectivas se registran en un movimiento ondulante, oscilando en diversos puntos, cambiantes. En la confusión, la libertad suele despistarse y caer presa de la atracción del momento.

Junto a la ambigüedad, predomina en la actualidad una lógica narcisista en donde se rechaza la alteridad y se asume una posición de culto del yo a modo de narciso. ¿En dónde queda la alteridad, la diferencia, el reconocimiento del otro en la diferencia? En muchas oportunidades, o se niega a través de la indiferencia o se intenta borrar a través de su eliminación directa. Esta observación no nos impide observar una creciente tendencia contraria, de algunos grupos sociales, de combatir el individualismo a través del compromiso sensible y solidario y de la búsqueda de una cultura de cuidado del otro, en especial, de los más vulnerables. El otro, el semejante me interpela con su presencia y me llama a ser responsable ante ella.

Batthyány y Lukas (2023) postulan la presencia de una nueva actitud preocupante propia de la actual mentalidad patológica de la época, describiéndola de la siguiente manera: “lo bueno y lo agradable se reciben como cosas obvias, que se dan por descontadas (“estoy en mi derecho”); al mismo tiempo se reprimen, excluyéndolos del imaginario y del entorno vital propios, los desafíos que plantea la existencia”.
A nuestro entender, tal rasgo responde a la lógica narcisista de la sociedad moderna en donde todo debería responder al placer o bienestar personal, en donde el sufrimiento como realidad humana es rechazada: derechos y no deberes. Una clara
expresión de esta situación la observamos en la inversión de la asimetría propia de las relaciones entre padres e hijos: niños o adolescentes tiranos, intolerantes a cualquier frustración o límite ante padres débiles o ausentes en su función ordenadora y reguladora.

Por último, podemos mencionar como un tercer rasgo el desencanto: ¿qué debo hacer? ¿hacia dónde debo ir? La desesperanza y pesimismo cultural es la cara contemporánea del vacío existencial que se expresa en el descontento social, en la desorientación de los jóvenes por un futuro incierto, en el malestar de los
docentes, en el descreimiento general de la política.

Frankl en “Psicoanálisis y Existencialismo” (2005) nos dice que ser persona es ser consciente y ser responsable, y justamente lo que queda eclipsado en la neurosis colectiva es la conciencia como órgano de sentido y la libertad responsable. Es por ello que el Análisis existencial será una invitación a recuperar la conciencia de la responsabilidad de no ceder las propias decisiones en los otros, por conformismo o por temor. El descubrimiento de que la vida tiene sentido a pesar de las adversidades y de que cada persona tiene una tarea única que debe realizar o llevar adelante, nos vuelve a poner en movimiento, sustrayéndonos de la angustia y de la inhibición.
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