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SEMINARIO II

by JUAN MANUEL ORTIZ MARTINEZ DOCENTE CATEDRA

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¿QUE ES EL SEMINARIO DE HUMANIDADES?
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PARTICIPACIÓN Y APROPIACIÓN

El debate no es un fin en sí mismo: es un método para la resolución racional y consensuada de problemas. El debate público tiene sus raíces en la antigua Grecia. Todo ciudadano de la polis podía acudir a la plaza pública y plantear un problema de interés general para su discusión. Este método no ha perdido vigencia; también hoy la gran mayoría de los problemas se proponen, se debaten y se tratan de resolver por medio de una discusión “pública” entre iguales. Esto sucede sin importar la naturaleza del problema. Así, los problemas políticos se debaten en el congreso o la junta de ministros; los problemas empresariales en grupos de trabajo o en juntas directivas; los problemas científicos en seminarios y grupos de investigación.

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En las universidades, el seminario hace las veces de “plaza pública”. Al comienzo de cada sesión, se plantea un problema a la luz del tema y las lecturas respectivas. El debate subsiguiente tiene como función llegar a un resultado frente al problema propuesto. Este resultado puede consistir, o bien en una solución provisional del problema, o bien en una aclaración de la naturaleza del problema, o bien en un replanteo del problema en términos que signifiquen un avance en la discusión, o bien en el planteamiento de nuevos problemas (esta lista de resultados posibles no es exhaustiva). En todo caso, el resultado debe ser defendible, lo que significa que debe surgir de una discusión colectiva de los argumentos que considere tanto los pros como los contras relevantes.
Adicionalmente, el resultado debe ser eficiente, lo que significa que debe lograrse en el tiempo y con los recursos disponibles.

Obviamente, el recurso más importante en un debate público son los participantes. En el debate, todos participan en igualdad de condiciones. No importa si UD. es estudiante, profesor, doctor o experto: lo que importa es la calidad y pertinencia de su aporte. Por eso, no se confíe de su estatus académico. Si es estudiante, no podrá alegar inocencia, inexperiencia o ignorancia; si es profesor o doctor, no podrá dar por hecho que sus aportes sean brillantes e irrefutables. Para todo vale por igual: prepárese.
LA PREPARACIÓN PARA EL DEBATE

Para que se pueda desarrollar un debate de seminario, es indispensable que todos los participantes compartan dos cosas en torno al tema respectivo: un cierto volumen de información y una comprensión inicial del tema. La información requerida está dada por las lecturas y demás materiales exigidos para la sesión. Si UD. no se ha apropiado de esta información, es decir, si no ha leído los textos, estará perdido. La comprensión inicial, sin embargo, supera la mera lectura informativa. Aprópiese de los materiales de manera crítica.
EL SILENCIO OBSTINADO

¿También le ha pasado? ¿UD. está en un seminario, todos los participantes miran al piso, al techo o por la ventana, mientras que al frente del tablero un profesor, desesperado, trata de mantener a flote una nave que ya todos abandonaron? Esta fastidiosa situación es el resultado de un problema de actitud que se traduce en frases como: “no entendí”, “el profesor verá cómo me explica” o “no tengo nada interesante qué decir”. Sin embargo, entender y tener algo qué decir se logra, y se logra de manera satisfactoria, si se entra al seminario bien preparado. No se puede participar en un debate en calidad de simple observador. Incluso si usted considera que “ya se las sabe todas” en torno al tema, participe.
Sin su participación, el debate muere y parte de ello será responsabilidad suya. Nuestra meta no es “aprender de memoria” (esto se logra en la soledad) sino entender de qué se trata –para lo cual es preciso que construya su propia visión de los asuntos y explore los puntos de vista de otras personas. Por eso, el silencio obstinado es una estrategia errada. Sin esfuerzo, incluso un tema apasionante se convierte en un ladrillo. En cambio, si se prepara con esmero, pronto descubrirá que no hay tema aburrido y que, para un intelecto atento, despierto y libre, cada faceta del mundo encierra suficientes motivos de asombro. El debate le ofrece una excelente ocasión para compartir ese asombro y transformarlo en conocimiento.
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