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Camino de mariposas

by Marina Estudillo Arce

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Esa noche sin duda sería la más especial de María. Llevaba soñando con este momento desde hacía ya varios años.
Cuando un miembro de su familia cumplía los veinte, se le hacía una fiesta especial que indicaba la mayoría de edad. Y además de eso, recibían un don mágico que debía utilizar para ayudar a los demás. Ella deseaba poder ser como su primo Juan, que recibió el poder de convertir el aire en luz, o su hermana Ana, que podía dar vida a los objetos con solo tocarlos. No sabía lo que le esperaba, pero María rezaba para que pudiera ser algo divertido, que despertara la admiración de los demás y, sobre todo, que la hiciera feliz.
Cuando llegó el momento, María entró con los pies descalzos en la cueva consagrada al Dios de la Montaña. Esta se encontraba iluminada por pequeñas velas blancas que le mostraban el camino hasta lo más profundo de la caverna.
A medida que iba avanzando, las velas se iban apagando, siendo poco a poco consumida por la oscuridad.
María no sentía miedo, sino fascinación. Se concentró en respirar y en hacer lo que su madre le dijo: esperar la señal del Dios de la Montaña.
Pasaron unos minutos y solo había silencio, pero María siguió esperando a su oportunidad.
Y esperó por varias horas, fundida en la negrura.
De pronto, una pequeña luz dorada apareció delante de ella.
María no dudó en ir tras ella, tenía que ser la señal que tanto esperaba.
La siguió por numerosas galerías, hasta llegar a lo más profundo, y allí se encontró con un pequeño lago subterráneo, que se formó a partir de una cascada que brotaba desde lo más alto de la cueva, iluminado por mariposas de
colores que brillaban en la oscuridad.
Estaba completamente maravillada por lo que había encontrado. Jamás habría imaginado nada como aquello en su vida.
Entonces, la pequeña luz dorada que la guio se acercó de nuevo a ella, hasta casi rozarle la nariz. Fue como un beso cálido. Y cuando esta se alejó, se convirtió en una gigantesca mariposa transparente, cuyas alas reflejaban todos los colores del arcoíris.
Con su gran aleteo, la gran mariposa movió los vientos que alzaron a María sobre el agua, y esta fue envuelta por las pequeñas mariposas de su alrededor. Poco a poco notaba como ella misma se estaba transformando en algo nuevo. Era como si una energía completamente distinta a ella se estuviera apoderando de su cuerpo. Notaba que algo le rompía la piel de la espalda, pero no le dolía nada. Era como si de ella hubiera surgido un pequeño peso añadido,
pero el tacto era suave y liviano.
Y observándose a sí misma se dio cuenta de que su regalo fueron un par de alas.
Alas brillantes y azuladas de mariposa.
Y de esa forma, María salió de la cueva volando y surcó los cielos, encontrando en ella la libertad y la felicidad que siempre había anhelado.
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